sábado, 19 de fevereiro de 2011

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Pecados Mortais – pt. 2  (Ver mais)

Pecados Mortais  (Ver mais)


ESTADOS UNIDOSA suposta receita original da Coca-Cola pode ser vista no site da rádio: www.thisamericanlife.org

Coca-Cola desmente notícia sobre fórmula secreta


Um porta-voz da empresa de refrigerantes garantiu que “só há uma fórmula verdadeira” e que o segredo continua intacto.
Sor María Jesús Galán, que ha anunciado en Facebook su expulsión del convento toledano de los dominicos, dice no sentir rencor por lo ocurrido y se declara preparada para iniciar “una nueva vida” y cumplir su sueño de conocer Londres y Nueva York. “Estoy tranquila y con paz. Son cosas que ocurren y lo mejor es seguir adelante”, ha dicho la ya exmonja tras anunciar el pasado martes que la habían echado del convento.

“Sor Internet”, como así la rebautizó Efe en una entrevista en diciembre de 2008 [ La Agencia EFE facilita esta información que data del día 8 de diciembre de 2008 AD:
Sor María Jesús Galán, de 51 años, es la orgullosa archivera de este convento, ubicado en Toledo (centro de España), pero también su historiadora, contable, cocinera alterna, costurera, consejera y amiga de las otras quince monjas y postulantes que alberga el viejo convento, que en otros tiempos acogió a 160 hermanas.
“Comprendo que la vida ofrece muchas más cosas”, dice comprensiva María Jesús, para justificar la escasez de vocaciones religiosas, pero ella dice estar muy contenta con su elección.
María Jesús comparte la enorme casa con monjas y postulantes kenianas, una colombiana y el resto españolas, “de 24 a 80 y muchos años”. El pico no lo dice para no molestar a las más mayores, afirma con una sonrisa pícara.
“Sor Internet” recibe a EFE, con café y exquisitas pastas que ella misma hace, en la pequeña celda que contiene su “joya”, que es la valiosa biblioteca-celda que cobija libros que provocan temblor en las manos al cogerlos, como un breviario de 1382, encontrado, emparedado, entre los gruesos muros del convento.
Su otro rincón favorito es lo que llama “pescadería”, un espacio también reducido llamado así porque en otro tiempo era donde se hacía la salazón del pescado y hoy alberga documentos de los siglos XII y XIII y otra obra singular: “El Becerro”, de 1568.
“Es el libro de los cotilleos de Toledo”, dice María Jesús, que asegura que la lectura de sus 61 páginas (es decir, pergaminos) es muy instructiva porque se cuentan detalles de la vida cotidiana del silo XVI en la mágica y universal Toledo.
El libro, llamado “El Becerro” porque las tapas son de piel de ternera, el pergamino de oveja y el papel verrugurado, contiene las cuentas y propiedades de la comunidad religiosa, así como las del pan, gallinas vivas, dineros, aceites y rentas.
Sor María Jesús tiene todo este valioso material meticulosamente inventariado en fichas en el ordenador personal de la biblioteca, y más de cien libros, incluido “El Becerro”, los ha ido escaneando pacientemente y forman parte del rico legado dominico.
La Era Internet llegó al convento en el año 2000, cuando su banco les sugirió a las monjas la idea de revisar sus cuentas por esa vía y así se ahorraban los desplazamientos a la entidad.
“Antes tenías que salir y ahora no. Simplemente consultas los saldos y haces las transferencias por Internet”, dice.
La red de redes tiene otra gran utilidad. Las monjas debían salir de su clausura para pedir cita al médico, pero ahora pueden hacerlo por Internet. Paradójicamente, Internet las ha enclaustrado más.
“Sor Internet” habla y domina el lenguaje “ad hoc” de usuarios de ordenadores e internautas y tiene muy claro que la web es muy útil porque “encuentras lo que quieres si vas con una mirada limpia”.
Sor María Jesús ha introducido Internet en el resto de la comunidad. En otros conventos, el ordenador lo tiene la priora, pero en el de Santo Domingo está en la sala de labor “como un mueble más”, afirma con toda naturalidad.
“La mayoría (de las monjas) ni entienden. Tengo de protector de pantalla ‘Mis Imágenes’ y así todas ven las fotos que les mandan sus familiares”, y afirma, siempre entre risas, que “les echo en cara que todas abren el correo ¡y ninguna contesta!”.
Apenas hay tiempo en su “recreo” para perderlo en Internet y las monjas lo usan para lo más básico, como leer la prensa o ver el estado de tiempo si se lo han perdido en “la tele del Golfo”, llamada así porque la compraron para enterarse de lo que pasaba en la primera guerra del Golfo Pérsico en 1991.
Está claro que sor María Jesús es la que más se beneficia de la red porque es una herramienta útil para buscar la traducción de una palabra del latín, navegar por el buscador de la Iglesia, bajarse recetas de cocina u obras de teatro de Tirso de Molina “que era -dice- vecino y amigo del convento”. - EFE
Pues bien, la noticia que aparece en el Diario Montañes es esta:
Como una empresa que no respeta la antigüedad y toda una carrera fiel dentros. Ya ni la antigüedad se respeta. Como si fuera una empresa que no tiene en cuenta una vida dedicada a ella, el convento de Santo Domingo el Real, de Toledo, ha 'despedido' a María Jesús Galán, una monja de clausura que había permanecido 34 años entre sus muros.
La religiosa, más conocida como 'Sor Internet', ha anunciado en su Facebook que ha sido expulsada y que las culpables eran "tres keniatas ambiciosas". “El delegado de Vida Religiosa, la priora y otras dos monjas han decidido que yo me marchara para que quedaran tranquilas las keniatas. No tienen vocación pero vienen a recoger dinero para sus familias”, explicaba la monja, que había sido reconocida el año pasado por el Gobierno castellano-manchego por su trabajo de digitalización de los fondos documentales de su centenario convento.
Su marcha, sin embargo, puede ir más allá de ese trío de compañeras codiciosa, según su entorno: su creciente popularidad gracias a los medios de comunicación y el hecho de dominar Internet y pertenecer a una red social –tiene 204 amigos en Facebook- podrían haber molestado a la jerarquía eclesiástica de Toledo, más favorable a que los religiosos pasen inadvertidos.
El Diario Montañes - 16 de febrero de 2011 AD, edicion digital], no ha querido explicar los pormenores que rodearon su expulsión del convento para no “herir también a personas que no han tenido ni parte ni culpa en el asunto”.
“Han sido 34 años de vida religiosa de la que nunca me he arrepentido y he sido feliz”, afirma la exmonja, que en su perfil de Facebook ha colgado una foto en blanco y negro del rostro de una mujer con una lágrima brotando de un ojo.
La exmonja se ha inscrito en las listas del paro y busca trabajo como contable. “Están las cosas difíciles, pero espero poder encontrar algo”, afirma.
Reiniciando la vida
Galán tiene que empezar de cero porque su vida religiosa no se contabiliza para recibir compensaciones por estar en paro, aunque se muestra optimista gracias a su larga lista de amigos y, sobre todo, a sus profundos conocimientos de Internet. Ella misma contó cómo en ocasiones, en el convento, cuando no le funcionaba un ordenador se entretenía en desarmarlo y volverlo a armar.
Fuentes del Arzobispado de Toledo han indicado que no han tenido intervención alguna en la expulsión de la monja, que ha sido una decisión que ha tomado de forma autónoma la congregación de las religiosas y no tiene “ninguna versión que ofrecer”.
Es triste lo que ha pasado, pero estoy tranquila y si Dios quiere, saldré adelante
“Sor Internet”, que el primero de enero cumplió 54 años, entró en el convento de clausura toledano de Santo Domingo El Real (1364) “llamada por la Fe” en 1976 y fue la archivera del monasterio en el que introdujo las nuevas tecnologías. “El archivo ha sido para mí en momentos difíciles un aliciente. He disfrutado mucho y he aprendido mucho. También, gracias al monasterio de Santo Domingo el Real he ganado muchos amigos, incluso una placa de reconocimiento por la utilización de las nuevas tecnologías”, explica sor María Jesús.
El 31 de mayo del año pasado, “Sor Internet” recogió de manos del presidente regional, José María Barreda, la Placa del Reconocimiento al Mérito Regional por su labor de “catalogación de documentos y libros de la biblioteca conventual, la introducción de tecnologías en un ambiente tradicional y la contribución a su difusión por la red”.
María Jesús Galán afirma: “Es triste lo que ha pasado, pero estoy tranquila y si Dios quiere, saldré adelante. Entré muy joven en el monasterio”, en el que ha estado 35 años, “y ha sido mi vida”, afirma.
En una segunda entrevista el 22 de mayo de 2010 a propósito de la concesión de la Placa al Mérito Regional, sor María Jesús dijo que, aunque viajar “no es virtud”, le gustaría conocer Londres y Nueva York, ésta última ciudad porque le atraía mucho. “No me quiero morir sin ir a Londres y Nueva York”, afirmó entonces, aunque era realista y lo consideraba “difícil” porque nunca tuvo vacaciones, pero “quién no te dice que de aquí a diez años nos dan 15 días de vacaciones y entonces…”.
Tras su expulsión del convento, sor María Jesús dice que quizás ahora sí podrá cumplir sueño. “¿Te das cuenta que podré ir a Londres y a Nueva York? Siempre he pensado que si deseas algo mucho, al final Dios te lo concede”, señala en sus declaraciones. “Es tiempo de empezar una nueva vida. Estoy tranquila y en paz. No quiero hacer daño a nadie. No merece la pena. Además, ha sido bonito reencontrarme con los amigos de la infancia y juventud. Con canas, algunas teñidas”, relata.
“También con achaques, pero con la misma alegría de siempre. En Facebook tengo puesto que nací feliz, vivo feliz y moriré feliz. Pase lo que pase, la felicidad no nos la pueden quitar, aunque a veces llore el corazón”, concluye
Estoy tranquila y con paz. Son cosas que ocurren y lo mejor es seguir adelante.
“Hoy me han echado del monasterio. Hay unas keniatas que me han hecho la vida imposible. La envidia ha jugado mala pasada y han ganado ellas. Hoy fue el delegado de vida religiosa y, junto con la priora y otras dos monjas, han decidido que yo me marchara para que quedaran tranquilas las keniatas. No tienen vocación, pero vienen a coger dinero para las familias”, escribió la monja en Facebook.
A democracia é para todos? – Hélio Schwartsman
Alguns leitores se queixaram do que consideraram um tom colonialista na minha coluna da semana passada. Salvo melhor juízo, referem-se a um trecho do último parágrafo no qual afirmei que o Egito, por tratar-se de uma sociedade razoavelmente industrializada e letrada, e não uma tribo indígena perdida no meio da Amazônia, deveria, sim, tentar instituir uma democracia autêntica.
Reconheço uma postura, talvez não colonialista, mas certamente paternalista. E receio que essa seja uma das armadilhas impostas pela modernidade à qual não se pode escapar.
Comecemos com um experimento mental ao qual já recorri em outras ocasiões. Vamos supor que o governo brasileiro, em súbito arroubo civilizatório, decidisse invadir “manu militari” todos os territórios ianomâmis para neles estabelecer eleições diretas por sufrágio universal para o cargo de chefe da tribo. As Forças Armadas, auxiliadas pela inestimável PF, abririam à bala caminho para as urnas eletrônicas, tecnologia 100% nacional. Não é preciso PhD em antropologia para perceber que essa seria uma ação violenta e absolutamente injustificável.
Num caso como o de índios isolados ou nem tanto é fácil perceber que não podemos impor-lhes o nosso conceito de democracia ou mesmo de representação. A noção de eleição direta para chefe não faria muito sentido para eles. Se quisermos ser verdadeiramente democráticos, devemos respeitar a chamada autodeterminação dos povos, deixar que as aldeias sigam seu modo milenar de gestão política e social, mesmo que incluam práticas que sejam tipificadas como crime em nosso Código Penal, a exemplo do espancamento de mulheres e do infanticídio.
Nos últimos anos, principalmente por conta do trabalho de autores como o geógrafo Jared Diamond, vem se popularizando a noção de que encontros entre civilizações com graus muito díspares de tecnologia resultam quase que inevitavelmente na destruição da sociedade menos desenvolvida. O fenômeno não ocorre apenas devido a uma atitude belicosa por parte dos que possuem melhores armas, como foi o caso da conquista das Américas, mas também por uma série de outros mecanismos.
O mais efetivo deles, pelo menos no nosso continente, foi a guerra microbiana. A maioria das doenças com características epidêmicas surgiu depois que o homem desenvolveu a agricultura e passou a viver em grandes cidades. Assim, populações citadinas não apenas desenvolveram resistência a elas como carregam para onde vão cepas atenuadas de vírus e bactérias que não lhes causam mal, mas podem ser fatais para sistemas imunes que não as conhecem.
Um pouco por caprichos do destino, um pouco pelo acúmulo de trocas com a Ásia e a África, as doenças europeias eram mais letais para os ameríndios do que a recíproca inversa. Foi assim que a varíola e a gripe causaram mais baixas entre os índios do que os conquistadores Pizarro e Cortés juntos.
Mais sutil mas não menos importante é a assimetria do choque cultural. Se encontrarmos amanhã uma nova comunidade humana, com hábitos totalmente inesperados, isso significará, para nossa civilização, pouco mais do que a abertura de um novo capítulo na antropologia, no máximo, na psicologia, se julgarmos que suas atitudes afrontam o que chamávamos de natureza humana. Já quando índios descobrem o homem branco, é o próprio mundo como eles o conheciam que rui, com a introdução de novas tecnologias, doenças, línguas, conceitos consubstanciados em mudanças bruscas.
A melhor forma de preservar essas culturas e a própria existência física dos indivíduos que as constituem é fazer de tudo para evitar o contato, como vem sendo a diretriz da Funai para tribos isoladas nos últimos tempos. Trata-se sem dúvida de paternalismo, pois nem ao menos damos aos índios a possibilidade de decidir qual modo de vida preferem. Mas é sempre oportuno lembrar que a alternativa a esse paternalismo costuma ser o genocídio, às vezes até com boas intenções, como é o caso de missões de catequização, mas ainda assim genocídio.
À luz dessas ideias, vale a pena perguntar: a democracia é de fato um universal, um princípio que deve valer para todos os povos independentemente de tradições, hábitos e cultura política? Por maior que seja nosso apego à ideia de sociedade aberta, acho difícil dar um “sim” incondicionado como resposta.
A questão que se impõe então é saber o que diferencia um ianomâmi de um egípcio, chinês ou qualquer outro povo que ainda não tenha abraçado integralmente as delícias da democracia. Por que estamos dispostos a respeitar quase incondicionalmente os costumes dos índios brasileiros, mas denunciamos como farsa –e muito justamente, diga-se– o discurso lulo-itamarateca de que é preciso seguir o princípio da não interferência em relação a iranianos e cubanos? Como conciliar o respeito à chamada autodeterminação dos povos (sem o qual a CIA teria legitimidade para armar o que quisesse nos país que desejasse) com o primado do respeito aos direitos humanos (que nos autoriza a criticar os irmãos Castro e os aiatolás)?
A resposta, se existe, não é trivial. Uma possibilidade é considerar que a autodeterminação é um princípio válido, mas condicionado. Ela deve ser respeitada desde que direitos humanos de outros grupos não estejam ameaçados. Acho que essa é a interpretação que vem prevalecendo. É com base nela que o Ocidente agiu na ex-Iugoslávia, por exemplo. Não bastou, entretanto, para evitar o genocídio de Ruanda e, atualmente, em Darfur (Sudão).
Embora eu acredite que se deve mesmo agir supranacionalmente quando um grupo ameaça concretamente a existência de outro, sou forçado a reconhecer que a defesa desse princípio coloca dificuldades. Não há governo no mundo que não fira em alguma medida direitos humanos. Que direitos precisam estar ameaçados e em que grau para que seja lícito agir contra um país?
É fácil chegar a um acordo quando falamos de grandes genocidas como Hitler ou Pol Pot. Mas e quando há repressão sistemática contra um grupo mas que não chega a ameaçar sua existência física? Penso nos casos dos palestinos e dos curdos, entre vários outros povos que lutam por um Estado. Quantos devem morrer para que repressão se torne massacre e massacre se torne um genocídio a exigir e justificar uma intervenção humanitária?
Vale notar que também corremos o risco de cair no extremo oposto. Se formos defender operações globais contra qualquer ameaça a direitos, nos veremos em maus lençóis. Um exemplo: até 1971 (outro dia, em termos históricos), mulheres suíças não tinham o direito de votar em eleições federais. Tratava-se, sem dúvida, de clara ameaça a direito de metade da população helvética. Devíamos então ter enviado os tanques da Otan contra Berna? Perdoem-me as mulheres, mas seria ridículo.
Voltando à diferença entre ianomâmis e egípcios, talvez devêssemos então decretar que a democracia é um valor que deve ser respeitado a partir do momento em a sociedade atinge um certo grau de sofisticação. O Ocidente deixa os ianomâmis em paz, mas pode cobrar a realização de eleições livres nos países árabes, como fazia em relação ao Leste Europeu.
Estou convencido de que a resposta é por aí, mas isso não impede que surjam mais perguntas incômodas. Qual o grau de “civilização” a partir do qual se torna obrigatório seguir a democracia? E o que fazer no caso de vitória eleitoral de um grupo que tenha em sua agenda elementos antidemocráticos, como poderia ocorrer no Egito na hipótese de a Irmandade Muçulmana triunfar e tentar impor a “sharia”, a lei muçulmana, a todo o país?
Longe de mim querer diminuir o valor e a importância da democracia. Como Churchill, acredito que ela é o menos pior dos regimes que experimentamos até aqui. Também não sou um advogado do relativismo. Não creio que o saber dos povos da floresta valha tanto quanto a civilização ocidental. Mas daí não se segue que tenhamos o direito de passar o trator por cima de tudo o que não se encaixe nos princípios que consideramos universais.
A grande verdade é que pensamos através de metáforas e conceitos aos quais gostamos de atribuir realidade. A partir de um certo ponto, acabam mesmo ganhando alguma materialidade. O problema é que o mundo, com seu amplo matiz de nuances, nem sempre se ajusta a nossas ideias. Nessas situações, é sempre melhor ser pragmático. No dia a dia de nosso planetinha, incontáveis crimes ocorrem por razões de ordem prática, como “você bateu no meu carro”, “você roubou minha mulher”. Mas, quando se trata de crimes de lesa-humanidade, como genocídios e faxinas étnicas, é sempre algum idealismo que está por trás.

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